miércoles, 7 de octubre de 2026

Que lo que me ha pasado a mí sirva para que no le pase a otras personas


Maricarmen, te has ido a los 87 años. 

¿Cómo puede ser que la especulación tenga más poder que la ética, la justicia y los derechos humanos?

No has podido morir en tu casa. Intentaron desahuciarte cuatro veces y, a la cuarta, acabaron consiguiéndolo.

Tampoco has podido tener un final sereno y tranquilo, como debería poder tener todo el mundo.

La especulación, y todo lo que has tenido que sufrir a causa de ella, ha hecho aún más duro este final.

Pero tu despedida deja también un gran legado: con enorme dignidad has recordado a la opinión pública el derecho que tenemos todas las personas a una vivienda digna.

Tus palabras siguen resonando en mis oídos:

«Que lo que me ha pasado a mí sirva para que no le pase a otras personas».

Y, sobre todo:

«Luchad y seguid luchando por lo que es vuestro».

J. Carlos VV - El Internacionalista convencido 


lunes, 28 de septiembre de 2026

He visto cosas que me costaba creer


«He visto cosas que me costaba creer… y ha sido aquí, y no en el lejano Orión.

He presenciado el sufrimiento de personas provocado por decisiones tomadas por seres poderosos sin ética y sin escrúpulos.

He observado actitudes humanas que desprendían demasiada oscuridad, pero también he visto brillar rayos de luz capaces de aliviar el sufrimiento y de transformar la cruel realidad que lo provoca.

Y con eso me quedo: con esas personas invisibles, llenas de honestidad y compromiso social.

Todos estos momentos, todas estas historias, algún día se perderán. Pero dependerá de nosotras y nosotros cuáles seamos capaces de recordar.

Sería una lástima que todo lo bueno se perdiera en el tiempo… como se pierde el río cuando se encuentra con el mar.»

J.Carlos VV- El Internacionalista convencido 





domingo, 27 de septiembre de 2026

EL PROBLEMA DE LA VIVIENDA NO SE ARREGLA CON ALGORITMOS


Hay quien piensa que vamos a atraer a las y los jóvenes hacia las causas sociales a través de las redes. Pero esta es una batalla compleja: los algoritmos no están pensados para el cambio social; muchas veces terminan favoreciendo justo lo contrario, una especie de contrarrevolución cultural.

El mejor ejemplo para la juventud es lo que hemos visto en Madrid: salir a la calle, ocupar el espacio público y movilizarse por el derecho a la vivienda.

Eso sí que despierta emociones sin depender de los algoritmos.

Eso es encontrarse, organizarse y actuar.

Eso es un ejemplo de cómo sembrar empatía y convertirla en acción colectiva.

Aurrera! Adelante.

J. Carlos VV - El internacionalista convencido 


martes, 22 de septiembre de 2026

Este es el tipo de cosas que dañan la democracia.


En Madrid, un fondo buitre quiere desahuciar a Maricarmen, de 87 años. Lleva 70 años viviendo en su casa y pagaba 500 euros de alquiler, con una pensión de 1.400 euros. Ahora le exigen un alquiler de 1.650 euros.

Más de 300 personas han arropado a Maricarmen y varias han acampado durante la noche frente a su domicilio para intentar evitar su desahucio.

Durante la concentración se han escuchado consignas como: «Fuera fondos buitre de nuestros barrios» y «El ático de Ayuso para Maricarmen».

JCVV - El internacionalista convencido 


El neoemperador en el púlpito de Naciones Unidas



Trump tiene el poder y la dimensión pública suficientes para convertirlo todo en un espectáculo.

Esta vez, desde un púlpito tan importante como debería ser el de las Naciones Unidas, ha amenazado con aniquilar a Irán, ha defendido el uso de la fuerza militar en Latinoamérica para proteger los intereses de Estados Unidos y ha asegurado que Cuba va a caer, lo que ha provocado que la delegación cubana abandonara el hemiciclo.

Además, con su particular «abrazo de oso», ha conseguido el juguete estratégico que buscaba: aumentar la presencia militar estadounidense en Groenlandia ante las narices de Europa.

A su vez, presume de actuar por la paz mientras defiende, entre otras cosas, su apoyo a Israel y su cruel actuación en Gaza y Cisjordania.

Y, por si fuera poco, rechaza cualquier intento internacional de regular lo que él prefiere llamar «superinteligencia artificial».

¿Qué más cartas marcadas se guarda el neoemperador en la manga?

Lástima. Qué buena oportunidad han tenido los dirigentes mundiales para hacerle el vacío  y demostrar que las Naciones Unidas y sus asambleas generales no tienen sentido sin ética.

Es como si, en un colegio, el día de la apertura del curso le diésemos el micrófono al más bruto del instituto para que pudiera humillarnos a todas y todos a su gusto.

Y luego nos preguntamos: ¿por qué está retrocediendo la democracia?

J.CVV El internacionalista convencido 


lunes, 14 de septiembre de 2026

La democracia en tiempos revueltos

 


Las democracias están navegando en un mundo lleno de espectáculo, desinformación, polarización política y pérdida de ilusión de cierta parte de la ciudadanía. Hay quien se preguntará de qué sirve la democracia si es capaz de atender a la ciudadanía por igual, de qué sirve si para millones de personas el acceso a la vivienda se está convirtiendo en un lujo inalcanzable; la educación, la atención médica y el derecho a disfrutar de espacios urbanos saludables pueden convertirse en muros para los que no tienen recursos.

Basta con recorrer algunas de las diferentes ciudades europeas para ver las contradicciones: servicios públicos descuidados, mientras ciertos barrios privilegiados se vuelven espacios cerrados solo para quienes pueden costearse vivir ahí.

Pero no podemos analizar esta situación solo desde lo local. En una época de creciente tensión estratégica entre grandes potencias, hay quien puede tener interés en alimentar el descontento social, la polarización y la desconfianza dentro de otras sociedades para debilitarlas y ganar ventaja frente a sus adversarios.

En el mundo hay mucha riqueza material y conocimiento, pero se concentran en pocas manos. Esa desigualdad, junto con la creciente huella ecológica sobre el planeta, nos acerca peligrosamente a un posible colapso global y la democracia y la política tienen la llave para deshacer estos entuertos.

Pero no todo vale, hay quien está usando el espectáculo político y mediático para conseguir sus egoístas intereses, señalando con saña a presuntos culpables o lanzando al viento propuestas simplistas, con absurdas soluciones mágicas; hay quien, sembrando tormentas, espera recoger beneficios aunque con ello genere un descrédito de la política, con el desgaste que esto supone para la participación ciudadana y la democracia. Pero antes de que estos cantos de sirena terminen por generar un descontento social, hay que despertar emociones democráticas en la ciudadanía. Esta es la verdadera amenaza de la democracia: la pérdida de confianza de la ciudadanía, por eso es urgente apostar por la ética, la igualdad y la participación ciudadana.

Defender la democracia no se trata solo de proteger las elecciones, las instituciones o la libertad de prensa, entre otras cosas. Es necesario recuperar la confianza y la participación de la ciudadanía.

La democracia tiene que estar basada en los derechos humanos, los principios de equidad y justicia. Implica actuar con responsabilidad pensando en el presente y las generaciones venideras.

También es muy importante fomentar la visión del bien común global que beneficie a toda la vida del planeta, para esto no solo hay que tener en cuenta nuestros derechos, sino también nuestros deberes y responsabilidades como ciudadanas y ciudadanos.

Hace poco leía una pintada que decía algo así como: «La dictadura puede desarrollarse y crecer dentro de una democracia, pero la democracia no puede desarrollarse ni crecer dentro de una dictadura». Quizás esto nos haga pensar en la importancia proteger unos valores democráticos que no dejen a nadie atrás y que tengan en cuenta el presente y futuro del planeta.

JCVV - El Internacinalista convencido 

lunes, 10 de agosto de 2026

¿quién pagó realmente la abolición de la esclavitud?



El llamado comercio triangular dejó enormes beneficios para las oligarquías europeas durante siglos. Más tarde, la colonización de África, América, Asia y Oceanía prolongaría, bajo otras formas, la explotación de territorios, recursos y personas.

El negocio triangular consistía, de manera simplificada, en llevar desde Europa productos manufacturados hasta las costas africanas, donde eran intercambiados por personas esclavizadas. Se calcula que alrededor de 12,5 millones de personas fueron embarcadas por la fuerza desde África hacia América durante la trata transatlántica. Cerca de 10,7 millones sobrevivieron a la travesía. Millones más murieron durante las capturas, los desplazamientos hasta la costa y como consecuencia del propio sistema esclavista.

Aquella «mercancía humana» era transportada y vendida en América. Los barcos podían regresar después a Europa cargados de productos como azúcar, algodón, tabaco, café o ron.


De aquel cruel sistema económico se beneficiaron propietarios de plantaciones y esclavistas, pero también comerciantes, navieras, aseguradoras, bancos, prestamistas, gobiernos y numerosos sectores vinculados al comercio y a las manufacturas.

Un negocio extraordinariamente lucrativo que se prolongó durante siglos.

Los beneficios obtenidos mediante la esclavitud y el comercio colonial contribuyeron a la acumulación de capital en Gran Bretaña y otras potencias europeas. En el caso británico, este proceso coincidió con otros factores decisivos —como la abundancia de carbón, las innovaciones tecnológicas, el crecimiento de los mercados y los cambios agrícolas y financieros— que hicieron posible la Revolución Industrial.

Gran Bretaña acabaría convirtiéndose en la gran potencia industrial y marítima del siglo XIX y extendiendo su imperio por enormes territorios del planeta, especialmente en Asia y África.

Pero la historia siempre encierra una enormes contradicciones.

Gran Bretaña, que había sido una de las grandes protagonistas y beneficiarias de la trata atlántica, abolió el comercio británico de esclavos en 1807. Posteriormente, su Marina dedicó importantes recursos a perseguir los barcos negreros en el Atlántico. Esta persecución también tuvo consecuencias terribles: hubo capitanes de barcos esclavistas que arrojaron personas al mar para eliminar pruebas, evitar ser capturados o reducir las consecuencias económicas de una posible intervención.

La abolición tuvo también importantes dimensiones económicas y políticas, pero sería injusto olvidar el poderoso movimiento abolicionista, las movilizaciones sociales y religiosas y, sobre todo, algo que durante demasiado tiempo se ha relegado a un segundo plano: la resistencia, las rebeliones y las comunidades cimarronas formadas por personas esclavizadas que escaparon y lucharon por su propia libertad.

A todo ello se sumaron los intereses políticos, estratégicos y económicos de una Gran Bretaña que estaba transformándose en la principal potencia industrial del mundo.

En 1833, el Parlamento británico aprobó la Slavery Abolition Act, que puso en marcha la abolición de la esclavitud en gran parte del Imperio británico.

Y aquí aparece uno de los episodios más reveladores de esta historia.

El Estado británico destinó 20 millones de libras —una cantidad gigantesca para la época, aproximadamente el 40 % del gasto anual del Gobierno— a compensar a los propietarios por la pérdida de las personas que hasta entonces habían considerado legalmente su propiedad.

El dinero fue para los esclavistas.

Las personas que habían sido esclavizadas no recibieron ninguna indemnización.

Para financiar aquella enorme operación, el Gobierno británico recurrió en 1835 a un préstamo de unos 15 millones de libras aportado por los banqueros Nathan Mayer Rothschild y Moses Montefiore, mientras que el resto se financió directamente.

Y llegamos a una fecha muy singular:

2015.

Ese año, el Gobierno británico terminó de amortizar una serie de bonos de deuda pública en los que, tras sucesivas conversiones y refinanciaciones durante casi dos siglos, se había integrado también aquella deuda histórica.

Una realidad que durante mucho tiempo permaneció prácticamente invisibilizada y que nos obliga a hacer preguntas incómodas.

El Estado británico compensó económicamente a quienes habían considerado a otros seres humanos como su propiedad, mientras que las personas esclavizadas no recibieron compensación alguna por generaciones de explotación, violencia y privación de libertad.

Y parte de aquella enorme carga financiera terminó integrada en una deuda pública que no fue definitivamente amortizada hasta 2015, hace apenas once años.

Quizá por eso, cuando hablamos hoy de migraciones, pobreza o desigualdad entre el Norte y el Sur Global, deberíamos mirar un poco más atrás.

Las desigualdades actuales no surgen de la nada.

Antes de la expansión europea iniciada a finales del siglo XV existían, por supuesto, importantes diferencias de riqueza, conflictos, imperios, migraciones y desigualdades en distintas partes del planeta. Pero aquella expansión abrió una nueva etapa de globalización que, durante los siglos siguientes, transformaría profundamente las relaciones económicas y políticas entre continentes.

Las potencias europeas provocaron y organizaron enormes movimientos forzados de personas, extracción de materias primas, esclavitud y colonialismo, contribuyendo a una extraordinaria acumulación de riqueza en una parte del mundo a costa de otras.

Y ahora, cuando llegan a las costas europeas personas procedentes del Sur Global, quizá deberíamos preguntarnos:

«¿Por qué vienen?»

Pero quizá también deberíamos hacernos otra pregunta:

¿Por qué tuvieron que marcharse tantas personas europeas a lo largo de la historia?

Y, sobre todo:

¿Qué relación existe entre aquellas historias y las desigualdades que seguimos viendo hoy?

Pero quizá nos queda la pregunta más importante:

¿Qué podemos hacer hoy para reparar tanta injusticia e iniciar un nuevo camino más humano?

JCVV - El internacionalista convencido 




Que lo que me ha pasado a mí sirva para que no le pase a otras personas

Maricarmen, te has ido a los 87 años.  ¿Cómo puede ser que la especulación tenga más poder que la ética, la justicia y los derec...