lunes, 20 de abril de 2026

La violencia machista: un goteo que no cesa



 Mientras los asesinatos de mujeres continúan, el consenso social sobre la igualdad se debilita. La violencia machista no es un problema puntual: es estructural y requiere una respuesta profunda desde la justicia, la educación, la cultura y la política.

 

No hay semana en la que no aparezca en las noticias un nuevo caso de violencia machista. Ni una sola.

Y cada vez que ocurre, vuelve la misma pregunta: ¿cómo cortar esta sangría feminicida?

 Se trata de un goteo cruel y constante. En lo que va de año, 16 mujeres han sido asesinadas en el Estado español, víctimas de sus parejas o exparejas, y tres menores han sido asesinados por violencia vicaria.

Mientras la violencia no cesa, curiosamente el consenso social en torno a la igualdad se debilita, especialmente entre la población más joven. Pero esto no solo ocurre aquí, ya que, según Naciones Unidas, está ocurriendo en muchas partes del mundo.

Esta violencia no es nueva. Las mujeres la han sufrido de manera estructural a lo largo de la historia. Se ha manifestado de forma sistemática y continua en el ámbito doméstico, en la guerra o, como en la Edad Media, en una persecución misógina que acusaba a las parteras y herboristas populares de brujería. Cuántas mujeres han sido invisibilizadas a lo largo de la historia; se han ocultado su fuerza, sus valores y la mayor parte de sus saberes y aportes a la humanidad. Cuántas han sido asesinadas o maltratadas.

Estos graves problemas no se pueden solucionar con parches temporales. Los problemas estructurales se abordan desde la raíz.

Y hoy existen herramientas para hacerlo. Una de ellas es la coeducación. La igualdad debe trabajarse desde que una persona llega a la familia y a la comunidad. Y, en cuanto entra en el sistema educativo, deben incorporarse de forma clara el respeto, el consentimiento y la gestión de las emociones, dentro de un ecosistema educativo verdaderamente transformador.

También son fundamentales la cultura y la comunicación, ya que ambas no solo reflejan la realidad de nuestro entorno, sino que tienen la capacidad de construirla. Es necesario desmantelar el machismo del imaginario colectivo, rompiendo estereotipos y clichés. La violencia contra las mujeres se construye, se aprende y se normaliza en el cine, la publicidad e incluso en los libros de historia y de texto. A la vez, es necesario construir nuevos imaginarios, visibilizando la percepción del mundo de las mujeres, y generar nuevos relatos que permitan la emancipación de mujeres y hombres y contribuyan al bienestar de todas las personas, independientemente de su género.

La justicia es otro pilar clave. No puede alejarse del dolor real de las víctimas. Es imprescindible evitar la revictimización. Muchas mujeres que han sufrido violencia temen el proceso judicial y desconfían del sistema.

Resulta especialmente grave que en 2026 seis de las mujeres asesinadas tuvieran agresores con órdenes de alejamiento en vigor, lo que evidencia graves fallos en la protección de las víctimas y la necesidad urgente de reforzar el sistema.

Por otra parte, está la política, herramienta esencial para avanzar hacia la igualdad de género. Sin embargo, hay quienes la utilizan en sentido contrario, negando la violencia específica contra las mujeres, calificándola de “violencia intrafamiliar” y atacando al feminismo activo, al que tildan de radical.

Este discurso también se amplifica en redes sociales, a través de corrientes como la “manosfera”, que promueven modelos de masculinidad tradicionales y reaccionarios, al tiempo que atacan al feminismo y reproducen un profundo sexismo.

Frente a ello, también hay muchas personas —mujeres, pero también hombres— que se posicionan y trabajan para contrarrestar estos discursos que niegan o minimizan la violencia machista.

El miedo sigue presente en lo cotidiano. Basta con preguntárselo a cualquier joven que vuelve sola a casa por la noche. Ese miedo constante forma parte de esta violencia estructural que debemos eliminar.

Aprovechemos las herramientas educativas, la cultura, la comunicación y la política para llevar a cabo  una ofensiva contra la desigualdad de género y contra todos los crímenes machistas.  Hoy todas las personas contamos con medios de comunicación en las manos. Es momento de pasar a la ofensiva, de romper el silencio cómplice y de transformar la sociedad.

 

¡No esperes a que el daño esté hecho para actuar!

JCVV - El Internacionalista convencido 

miércoles, 15 de abril de 2026

“La cooperación internacional en un contexto de cambio global: retos y redefinición del papel de las ONGD”

 

 Vivimos  tiempos extraños y  llenos de espectáculo,   lo que  nos lleva a repensar el papel de la cooperación internacional y  la Educación y Comunicación para la transformación social  de las ONGD.


1.  La cooperación no gubernamental un modelo con límites evidentes 

Las ONGD son un sector con un altísimo índice  de dependencia financiera  del ámbito institucional, esto provoca  que muchas ONGD sean frágiles y  que tengan poca capacidad de reacción. Para llevar a cabo  sus proyectos dependen  en su mayoría de fondos públicos,  y para conseguirlos hay que  asumir una gran complejidad burocrática y competencia, lo que genera una paradoja: un sector que debería basarse en la cooperación funciona muchas veces en clave de competencia.

Además, la necesidad constante de presentar proyectos  para poder funcionar impide en muchos casos falta de  reflexión , debate  y seguridad  o poder  acompañar procesos reales a largo plazo.

 Este modelo se reproduce también en el Sur Global, donde muchas organizaciones dependen de fondos externos, lo que limita su autonomía y las obliga a adaptarse a lógicas y ritmos  que no siempre responden a sus realidades.

 

2. El cambio de paradigma ya se ha producido.

 El mundo está inmerso en una gran competencia entre bloques, incluso más compleja que en la época de la Guerra Fría. El multilateralismo se enfrenta a una profunda crisis y la cooperación, que históricamente ha sido una herramienta de poder blando de las potencias occidentales, está cambiando.

 La cooperación internacional desde hace tiempo está perdiendo peso a nivel global. Países como Estados Unidos, Alemania o Francia han reducido significativamente sus fondos, mientras refuerzan enfoques más ligados a intereses estratégicos, económicos o de seguridad.

 Europa, además, avanza hacia una lógica de rearme que previsiblemente implicará recortes en ámbitos sociales, culturales y de cooperación.

 En Euskadi y en el Estado español estos recortes aún no se han materializado con la misma intensidad. En ambos casos, aunque por motivos distintos, se mantiene una apuesta firme por el multilateralismo y por la implementación de la Agenda 2030 y los ODS, posicionándose como actores relevantes en la defensa de un orden internacional basado en normas. Sin embargo, el contexto global apunta en una dirección contraria, y eso obliga a prepararse para el futuro cercano.

 Al mismo tiempo, emergen nuevos modelos en los que participan empresas, universidades y centros tecnológicos. Esto abre oportunidades, pero también plantea el riesgo de que la cooperación se tecnocratice o pierda su dimensión transformadora.

 

3. El papel estratégico de las ONGD

 En este nuevo escenario, las ONGD no pierden relevancia, pero su papel se redefine.

 Su valor estratégico radica en:

·     Defender el enfoque de derechos humanos como base para el Bien  Común Global

·     Generar acciones para  la igualdad de género, el empoderamiento de las mujeres y la diversidad

 ·     Incorporar una mirada crítica sobre las desigualdades y el pasado colonial

 ·     Ser garantes de una cooperación equilibrada, donde no se priorice la gestión técnica, los procedimientos y los indicadores cuantitativos frente a la transformación social, la justicia y la participación

 ·     Diseñar procesos de transformación social a largo plazo

 ·     Garantizar coherencia ética en un contexto multiactor

 ·     Impulsar alianzas horizontales con protagonismo del Sur Global y la población inmigrante

 Más que ejecutoras de proyectos, las ONGD deben ser garantes de sentido, coherencia y justicia global.

 

 4. El reto principal: la desconexión social

 El gran reto hoy no es solo la financiación, es la desconexión con la sociedad.

 Vivimos en contextos cada vez más individualistas, donde el trabajo social es poco visible (los medios de comunicación convencionales lo invisibilizan) y donde crecen discursos de extrema derecha, desinterés por la  política y pérdida de sentido colectivo.

 No tiene sentido impulsar procesos en el Sur Global si en nuestras propias sociedades no somos capaces de generar conciencia, comunidad y compromiso, ni de asumir nuestra responsabilidad en las causas estructurales que generan esas desigualdades Norte/Sur.

  

5. Educación, comunicación y tejido social

 Por eso, el reto central está en la educación y la comunicación para la transformación social.

  Esto implica:

 ·       Generar redes entre ONGD, movimientos sociales y tercer sector

 ·       Construir comunidad y visibilidad

 ·       Conectar con la ciudadanía, especialmente con la juventud

 ·       Trabajar los imaginarios, discursos y narrativas

  Algo muy importante para el cambio social es incorporar de manera activa a la población migrante. Las personas migradas conectan de forma directa lo local y lo global; su experiencia y su vinculación con el Sur Global son de gran valor. No integrarlas en la construcción de comunidad aquí sería una incoherencia.

  La presión política no se genera solo desde lo institucional.

 Se genera también en la sociedad, en la calle y en la opinión pública.

 

 6. Un contexto global cada vez más complejo

 El sistema internacional  esta en plena metamorfosis y atraviesa  un  gran momento de incertidumbre.

 En 2025, la ayuda al desarrollo a nivel global ha sufrido la mayor caída de su historia, alejándose del compromiso del 0,7 % propuesto en los años 70 por Naciones Unidas. Al mismo tiempo, el gasto militar mundial alcanza cifras récord, mientras que el número de personas forzadas a huir de sus países es el más alto desde la Segunda Guerra Mundial.

 Los conflictos armados aumentan, el sistema multilateral se debilita y los avances en los Objetivos de Desarrollo Sostenible son totalmente insuficientes.

 Nos encontramos ante una contradicción clara:

menos cooperación y más militarización.

  

7. Una propuesta: estrategia de transformación social de baja intensidad

Ante este escenario, propongo avanzar hacia lo que denomino una estrategia de transformación social de baja intensidad, basada en:

 ·     Generar alianzas amplias

 ·     Construir legitimidad social

 ·     Activar cambios desde dentro y desde abajo

 ·     Combinar incidencia política, trabajo técnico y movilización social

 Esto implica preguntarnos:

·     Quiénes somos

 ·     Qué queremos

 ·     Con quién queremos trabajar

 ·     Cómo queremos incidir

 No se trata de hacer mejor lo que ya hacemos.

Se trata de hacer algo distinto.

 

8. Conectar con las nuevas generaciones y recuperar la experiencia de las personas mayores

 Uno de los grandes desafíos es la relación con la juventud.

 Están surgiendo nuevas formas de organización, muchas veces alejadas de las ONGD tradicionales. Es necesario entender:

 ·     Qué les motiva

 ·     Qué lenguajes utilizan

 ·     Cómo generar conexión real

 Sin esa conexión, la cooperación pierde base social y capacidad de transformación.

 Por otra parte, no se puede perder la experiencia de las personas mayores: una generación que conoció la lucha contra la dictadura franquista y que ha defendido derechos durante décadas. Acumulan una gran experiencia y compromiso.

 De hecho, plataformas como el movimiento contra la guerra, el apoyo a Palestina o iniciativas como Ongi Etorri Errefuxiatuak se nutren en gran medida de este sector.

 

9. Cooperación desde lo local

 Si una organización quiere trabajar en cooperación internacional, debe asumir que una parte fundamental de su trabajo se desarrolla aquí:

 ·     En la educación

 ·     En la cultura

 ·     En la comunicación

 ·     En la generación de conciencia

 Porque muchos de los problemas del Sur Global tienen su origen en el modelo económico y social del Norte.

 El cambio social no empieza en los proyectos.

Empieza en lo que pensamos, sentimos, imaginamos y hacemos.

 

10. El papel de la sociedad civil

 En esta coyuntura, el papel de la sociedad civil es más necesario que nunca.

 Las ONGD deben seguir siendo actores clave, pero en alianza con movimientos sociales, ciudadanía y otros agentes comprometidos con la justicia social.

No se trata solo de ejecutar o apoyar proyectos, sino de:

 ·     Fortalecer capacidades

 ·     Generar pensamiento crítico

 ·     Construir comunidad

 ·     Impulsar una ciudadanía activa

 En tiempos de crisis, la cooperación, la solidaridad, la empatía y el compromiso son fundamentales para que nadie se quede atrás.

  Por ello, es fundamental saber quiénes somos, hacia dónde queremos ir y con quién queremos hacerlo.

 Y, sobre todo, seguir tejiendo redes.

 Porque son esas redes —muchas veces invisibles— las que sostienen la esperanza y hacen posible avanzar hacia un mundo más justo y equitativo.

 Para terminar, me gusta usar una metáfora.

 No es lo mismo subir al Pagasarri que al Aneto.

 Para el Pagasarri basta con calzado cómodo, algo de comida y poco más. Es un recorrido accesible, sin grandes riesgos.

 El Aneto, en cambio, exige preparación, estrategia, equipo, planificación, conocimiento del terreno y trabajo en grupo.

 La cooperación, y también la educación y la comunicación para la transformación social, hoy se parecen más al Aneto que al Pagasarri.

 No basta con buena voluntad.

Hace falta estrategia, preparación, visión y compromiso social y político.

 Y hay algo igual de importante: no solo importa el objetivo final, sino también el camino.

 Como en las salidas al monte: no solo se disfruta la cima, sino también el recorrido, la compañía y la experiencia compartida.

 Espero que estos aportes sirvan para avanzar en esa dirección.


JCVV – El Internacionalista Convencido


miércoles, 8 de abril de 2026

ALZA TU VOZ FRENTE A LA BARBARIE

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Celebro el respiro que puede dar cualquier alto el fuego.

Pero me preocupa una tregua con tipos como Netanyahu o Trump; ambos han demostrado con creces que no tienen ética y que no son de fiar.

En vez de estar mirando el precio del barril de petróleo, el gas o las bolsas, deberíamos estar pensando hacia dónde nos llevan las actitudes y acciones de este tipo de dirigentes.

Echo de menos unas Naciones Unidas donde los países actúen con coherencia y respondan cuando un país miembro afirma que va a destruir una civilización entera, enviándola a la Edad de Piedra..

Echo de menos que no tomemos las calles para romper el silencio cómplice, que permite que la población civil sea la mayoría de las víctimas de las guerras.

¿Cómo se pueden permitir tantas brutalidades juntas? Groenlandia, Venezuela, Cuba, Gaza, Cisjordania, Líbano, Irán…

Si Núremberg, pese a sus imperfecciones e intereses, sirvió para juzgar al nazismo, ¿quién juzgará a estos nuevos criminales de guerra que actúan con total impunidad?

¿Qué más tiene que ocurrir para exigir una ruptura con estos países?

Cuando un presidente amenaza con destruir una civilización, amenaza a toda la humanidad. No podemos mirar hacia otro lado. Permitiendo estas actitudes, ¿qué estamos enseñando a las nuevas generaciones?

Sinceramente, con tipos como Trump y Netanyahu no creo en treguas ni en sus intenciones.

Solo dejarán de matar cuando sus intereses estén cubiertos; para entonces, quizá ya estén solos.

Conmigo, que no cuenten.

JCVV - El Internacionalista convencido 

La violencia machista: un goteo que no cesa

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