Vivimos tiempos extraños y llenos de espectáculo, lo que
nos lleva a repensar el papel de la cooperación internacional y la Educación y Comunicación para el
desarrollo de las ONGD.
1. La cooperación no gubernamental un modelo con
límites evidentes
Las ONGD son un
sector con un altísimo indice de
dependencia financiera del ámbito
institucional, esto provoca que muchas
ONGD sean frágiles y que tengan poca
capacidad de reacción. Para llevar a cabo
sus proyectos dependen en su
mayoría de fondos públicos, y para
conseguirlos hay que asumir una gran
complejidad burocrática y competencia, lo que genera una paradoja: un sector
que debería basarse en la cooperación funciona muchas veces en clave de
competencia.
Además, la
necesidad constante de presentar proyectos
para poder funcionar impide en muchos casos falta de reflexión , debate y seguridad
o poder acompañar procesos reales
a largo plazo.
Este modelo se
reproduce también en el Sur Global, donde muchas organizaciones dependen de
fondos externos, lo que limita su autonomía y las obliga a adaptarse a lógicas
y ritmos que no siempre responden a sus
realidades.
2. El cambio
de paradigma ya se ha producido.
El mundo está
inmerso en una gran competencia entre bloques, incluso más compleja que en la
época de la Guerra Fría. El multilateralismo se enfrenta a una profunda crisis
y la cooperación, que históricamente ha sido una herramienta de poder blando de
las potencias occidentales, está cambiando.
La cooperación
internacional desde hace tiempo está perdiendo peso a nivel global. Países como
Estados Unidos, Alemania o Francia han reducido significativamente sus fondos,
mientras refuerzan enfoques más ligados a intereses estratégicos, económicos o
de seguridad.
Europa, además,
avanza hacia una lógica de rearme que previsiblemente implicará recortes en
ámbitos sociales, culturales y de cooperación.
En Euskadi y en
el Estado español estos recortes aún no se han materializado con la misma
intensidad. En ambos casos, aunque por motivos distintos, se mantiene una
apuesta firme por el multilateralismo y por la implementación de la Agenda 2030
y los ODS, posicionándose como actores relevantes en la defensa de un orden
internacional basado en normas. Sin embargo, el contexto global apunta en una
dirección contraria, y eso obliga a prepararse para el futuro cercano.
Al mismo
tiempo, emergen nuevos modelos en los que participan empresas, universidades y
centros tecnológicos. Esto abre oportunidades, pero también plantea el riesgo
de que la cooperación se tecnocratice o pierda su dimensión transformadora.
3. El papel
estratégico de las ONGD
En este nuevo
escenario, las ONGD no pierden relevancia, pero su papel se redefine.
Su valor
estratégico radica en:
· Defender el enfoque de derechos humanos
como base para el Bien Común Global
· Generar acciones para la igualdad de género, el empoderamiento de
las mujeres y la diversidad
· Incorporar una mirada crítica sobre las
desigualdades y el pasado colonial
· Ser garantes de una cooperación
equilibrada, donde no se priorice la gestión técnica, los procedimientos y los
indicadores cuantitativos frente a la transformación social, la justicia y la
participación
· Diseñar procesos de transformación social
a largo plazo
· Garantizar coherencia ética en un contexto
multiactor
· Impulsar alianzas horizontales con
protagonismo del Sur Global y la población inmigrante
Más que
ejecutoras de proyectos, las ONGD deben ser garantes de sentido, coherencia y
justicia global.
4. El reto
principal: la desconexión social
El gran reto
hoy no es solo la financiación, es la desconexión con la sociedad.
Vivimos en
contextos cada vez más individualistas, donde el trabajo social es poco visible
(los medios de comunicación convencionales lo invisibilizan) y donde crecen
discursos de extrema derecha, desinterés por la
política y pérdida de sentido colectivo.
No tiene
sentido impulsar procesos en el Sur Global si en nuestras propias sociedades no
somos capaces de generar conciencia, comunidad y compromiso, ni de asumir
nuestra responsabilidad en las causas estructurales que generan esas
desigualdades Norte/Sur.
5.
Educación, comunicación y tejido social
Por eso, el
reto central está en la educación y la comunicación para la transformación
social.
Esto implica:
· Generar redes entre ONGD, movimientos
sociales y tercer sector
· Construir comunidad y visibilidad
· Conectar con la ciudadanía,
especialmente con la juventud
· Trabajar los imaginarios, discursos y
narrativas
Algo muy
importante para el cambio social es incorporar de manera activa a la población
migrante. Las personas migradas conectan de forma directa lo local y lo global;
su experiencia y su vinculación con el Sur Global son de gran valor. No
integrarlas en la construcción de comunidad aquí sería una incoherencia.
La presión
política no se genera solo desde lo institucional.
Se genera
también en la sociedad, en la calle y en la opinión pública.
6. Un
contexto global cada vez más complejo
El sistema
internacional esta en plena metamorfosis
y atraviesa un gran momento de incertidumbre.
En 2025, la
ayuda al desarrollo a nivel global ha sufrido la mayor caída de su historia,
alejándose del compromiso del 0,7 % propuesto en los años 70 por Naciones
Unidas. Al mismo tiempo, el gasto militar mundial alcanza cifras récord,
mientras que el número de personas forzadas a huir de sus países es el más alto
desde la Segunda Guerra Mundial.
Los conflictos
armados aumentan, el sistema multilateral se debilita y los avances en los
Objetivos de Desarrollo Sostenible son totalmente insuficientes.
Nos encontramos
ante una contradicción clara:
menos
cooperación y más militarización.
7. Una
propuesta: estrategia de transformación social de baja intensidad
Ante este
escenario, propongo avanzar hacia lo que denomino una estrategia de
transformación social de baja intensidad, basada en:
· Generar alianzas amplias
· Construir legitimidad social
· Activar cambios desde dentro y desde abajo
· Combinar incidencia política, trabajo
técnico y movilización social
Esto implica
preguntarnos:
· Quiénes somos
· Qué queremos
· Con quién queremos trabajar
· Cómo queremos incidir
No se trata de
hacer mejor lo que ya hacemos.
Se trata de
hacer algo distinto.
8. Conectar
con las nuevas generaciones y recuperar la experiencia de las personas mayores
Uno de los
grandes desafíos es la relación con la juventud.
Están surgiendo
nuevas formas de organización, muchas veces alejadas de las ONGD tradicionales.
Es necesario entender:
· Qué les motiva
· Qué lenguajes utilizan
· Cómo generar conexión real
Sin esa
conexión, la cooperación pierde base social y capacidad de transformación.
Por otra parte,
no se puede perder la experiencia de las personas mayores: una generación que
conoció la lucha contra la dictadura franquista y que ha defendido derechos
durante décadas. Acumulan una gran experiencia y compromiso.
De hecho,
plataformas como el movimiento contra la guerra, el apoyo a Palestina o
iniciativas como Ongi Etorri Errefuxiatuak se nutren en gran medida de este
sector.
9.
Cooperación desde lo local
Si una
organización quiere trabajar en cooperación internacional, debe asumir que una
parte fundamental de su trabajo se desarrolla aquí:
· En la educación
· En la cultura
· En la comunicación
· En la generación de conciencia
Porque muchos
de los problemas del Sur Global tienen su origen en el modelo económico y
social del Norte.
El cambio
social no empieza en los proyectos.
Empieza en lo
que pensamos, sentimos, imaginamos y hacemos.
10. El papel
de la sociedad civil
En esta
coyuntura, el papel de la sociedad civil es más necesario que nunca.
Las ONGD deben
seguir siendo actores clave, pero en alianza con movimientos sociales,
ciudadanía y otros agentes comprometidos con la justicia social.
No se trata
solo de ejecutar o apoyar proyectos, sino de:
· Fortalecer capacidades
· Generar pensamiento crítico
· Construir comunidad
· Impulsar una ciudadanía activa
En tiempos de
crisis, la cooperación, la solidaridad, la empatía y el compromiso son
fundamentales para que nadie se quede atrás.
Por ello, es
fundamental saber quiénes somos, hacia dónde queremos ir y con quién queremos
hacerlo.
Y, sobre todo,
seguir tejiendo redes.
Porque son esas
redes —muchas veces invisibles— las que sostienen la esperanza y hacen posible
avanzar hacia un mundo más justo y equitativo.
Para terminar,
me gusta usar una metáfora.
No es lo mismo
subir al Pagasarri que al Aneto.
Para el
Pagasarri basta con calzado cómodo, algo de comida y poco más. Es un recorrido
accesible, sin grandes riesgos.
El Aneto, en
cambio, exige preparación, estrategia, equipo, planificación, conocimiento del
terreno y trabajo en grupo.
La cooperación,
y también la educación y la comunicación para la transformación social, hoy se
parecen más al Aneto que al Pagasarri.
No basta con
buena voluntad.
Hace falta
estrategia, preparación, visión y compromiso social y político.
Y hay algo
igual de importante: no solo importa el objetivo final, sino también el camino.
Como en las
salidas al monte: no solo se disfruta la cima, sino también el recorrido, la
compañía y la experiencia compartida.
Espero que
estos aportes sirvan para avanzar en esa dirección.
JCVV – El
Internacionalista Convencido
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