domingo, 8 de marzo de 2026

Salud y libertad 8 de marzo

 



Creo que ninguna mujer querría volver a los tiempos en los que no podía votar, abrir una cuenta bancaria sin permiso de su marido o en los que era visto como algo extraño que una mujer llegara a la universidad o simplemente quisiera ponerse unos pantalones.


Y, sin embargo, pese a todo lo avanzado, hoy vemos cómo desde algunos sectores políticos se vuelven a lanzar consignas contra el feminismo y se intenta reforzar normas tradicionales de género que durante siglos limitaron la libertad y la igualdad de las mujeres.


La historia también nos recuerda uno de los episodios más oscuros de Europa: la persecución y quema de miles de mujeres acusadas de brujería. Muchas de ellas eran parteras, sanadoras y mujeres medicina, conocedoras de saberes ancestrales sobre la salud y los cuidados comunitarios. Su persecución no solo fue un crimen contra ellas, también para las miles de mujeres y hombres que dejaron de ser atendidas por estas mujeres. Pero  también supuso la pérdida de conocimientos esenciales para muchas comunidades.



Hoy, en pleno siglo XXI, millones de mujeres siguen viviendo bajo formas de apartheid de género, con menos derechos, menos oportunidades y mayores niveles de violencia. Y siguen siendo también quienes más sufren las consecuencias de las guerras y los conflictos armados que casi siempre deciden los hombres.


Por eso el feminismo es, ante todo, un sí a la vida.

Una voz por la igualdad, la dignidad y la justicia.


Pero también es una voz profundamente pacifista, porque no puede haber paz duradera en un mundo donde la mitad de la humanidad vive con menos derechos que la otra mitad y sufre en muchos casos una violencia continua.


El feminismo es, en el fondo, una defensa del Bien Común Global: una propuesta de sociedades más justas, más igualitarias y más humanas.


Un camino que no corresponde recorrer solo a las mujeres. 


Los hombres también debemos estar ahí, empujando una transformación  por la igualdad de género.


Hoy, en este día de conmemoración y lucha  sobre los avances logrados y las desigualdades que aún sufre la mitad de la población mundial —las mujeres—, es también un día de reflexión y compromiso para la otra mitad: los hombres.


Este es un camino compartido, es una causa de toda la humanidad.


Porque sin igualdad no hay justicia,

y sin justicia no hay paz.


No a la guerra. 


¡Salud y libertad 8 de Marzo! 


El Internacionalista convencido


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