sábado, 3 de enero de 2026

Estados Unidos ha atacado a Venezuela militarmente tras muchos años de hacerlo por otros medios.

 


Conviene destacar que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo y es uno de los países líderes de América Latina en reservas de oro. Sin embargo, en los últimos años se ha visto obligada a desprenderse de una parte importante de ese oro para obtener liquidez debido a las sanciones estadounidenses. A ello se suma que el Banco de Inglaterra mantiene retenidas desde hace más de seis años 31 toneladas de oro venezolano.

A esta pérdida de capital hay que añadir las sanciones unilaterales promovidas por Estados Unidos, aplicadas a través del sistema financiero internacional, que mantienen bloqueados desde hace años más de 22.000 millones de dólares pertenecientes al Estado venezolano.

No hay que olvidar que Venezuela es también un país estratégico por sus enormes reservas de minerales esenciales para la tecnología moderna y la transición energética, como el hierro, el coltán, la bauxita, los diamantes, el níquel, el cobre y 17 tierras raras presentes en su territorio. Todo ello no constituye un hecho aislado, sino que forma parte de una estrategia global de dominación y control.

Desde que Hugo Chávez ganó las elecciones presidenciales en diciembre de 1998, con un lenguaje mordaz, directo y popular, logró desbancar a los partidos tradicionales. Enarbolando el soberanismo bolivariano, prometió al pueblo venezolano luchar contra la corrupción y la pobreza, impulsando una nueva Constitución orientada a construir una nueva Venezuela, donde se priorizara la salud y el bienestar de las clases populares, aprovechando los altos precios del petróleo.

A finales de 2004, el gobierno de Hugo Chávez, junto al gobierno de la República de Cuba, puso en marcha el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), como alternativa al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) impulsada por Estados Unidos.

En 2005, Venezuela lanzó Telesur, una plataforma informativa latinoamericana alternativa a CNN, eligiendo una fecha de alto valor simbólico: el 24 de julio, aniversario del nacimiento de Simón Bolívar.

En 2007, el país completó la nacionalización del petróleo, asumiendo el control total de la Faja Petrolífera del Orinoco.

Son precisamente estas y otras acciones soberanistas las que intimidan a un sistema internacional injusto, sustentado históricamente en la esclavitud, la explotación y la colonización de los países del Sur Global.

Ya en 1823, el quinto presidente de Estados Unidos, James Monroe, proclamó la doctrina de “América para los americanos”, advirtiendo a las potencias europeas de que cualquier intento de colonización o intervención en el continente sería considerado un acto hostil contra Estados Unidos. Aunque entonces aún no contaba con una gran capacidad militar, esta se consolidó posteriormente tras arrebatar estratégicamente a España Cuba y Puerto Rico, territorios clave para el control económico y geoestratégico del Caribe.

A comienzos del siglo XX, tras la Revolución Liberal Restauradora, y en el contexto de la guerra civil venezolana, Reino Unido, Alemania e Italia impusieron en 1902 un bloqueo naval para reclamar el pago de deudas y compensaciones. Ante el riesgo de perder su hegemonía regional, Estados Unidos intervino diplomática y militarmente para desplazar a las potencias europeas, asumiendo su papel de “policía internacional” en América Latina.

La Realpolitik sigue plenamente vigente: la economía y el poder militar se sitúan por encima de la ética, la ideología o el derecho internacional. Esto se ha evidenciado con claridad en el genocidio en Palestina, que ha servido como campo de pruebas para medir la reacción de la opinión pública mundial, demostrando que esta no ha sido suficiente para frenar los planes de las grandes potencias. El objetivo final es frenar a China a cualquier precio, aunque ello suponga poner el mundo patas arriba.

Para ello, necesitan también una Europa sumisa y cómplice, dispuesta a endeudarse para atender las exigencias de Estados Unidos, como se ha visto en el marco de la OTAN y la guerra de Ucrania; o, peor aún, dominada por movimientos reaccionarios y ultranacionalistas. De este modo, su maquinaria de guerra queda libre para intervenir en Irán, Venezuela, Nigeria, Cuba, Colombia o Panamá; incluso para plantear la anexión de Groenlandia o la conversión de Canadá en su 51.º Estado. El objetivo es claro: cortocircuitar el mundo.

¿Quién puede creer realmente que lo que preocupa a Occidente es si el presidente Maduro manipuló o no las actas electorales? ¿Qué se puede esperar de un país como Estados Unidos, responsable de cientos de guerras y conflictos internacionales, siempre justificadas en nombre de la democracia, el anticomunismo, la seguridad nacional o la defensa de intereses económicos y estratégicos, tanto mediante intervenciones militares directas como a través de operaciones encubiertas?

¿Y qué cabe esperar de una Europa clasista, incapaz de renunciar a sus viejas aspiraciones coloniales y dependiente de Estados Unidos para mantener un supuesto “privilegio” global, sin haber reparado el saqueo cometido durante 300 años de esclavitud y 200 de colonización?

Mientras tanto, la izquierda mundial ha sido poco estratégica. Observar pasivamente y acercarse al neoliberalismo ha terminado por enredarla en él. Ni siquiera las democracias occidentales han sabido apostar por un nuevo humanismo capaz de alejarnos del capitalismo salvaje o, peor aún, de la barbarie. De poco han servido también las religiones que durante siglos pretendieron dar sentido a la vida mediante una supuesta ética universal.

¿Dónde queda la soberanía de los pueblos, especialmente la de aquellos países estratégicos por sus recursos naturales o su posición geopolítica?

¿Dónde están unas Naciones Unidas capaces de restablecer el orden y la justicia internacional?

Es imprescindible generar movilización frente a la antipolítica, los discursos de odio y la corrupción. Es necesario fortalecer la confianza en una política ética y democrática, que apueste por un nuevo internacionalismo humanista, orientado a traducir el malestar social en propuestas y acciones políticas transformadoras, capaces de frenar el trumpismo y las derivas autoritarias antes de que se consoliden de forma irreversible.

También es fundamental invertir tiempo y energía en la renovación democrática, eliminando burocracias obsoletas e impulsando democracias éticas, no controladas por los poderes económicos ni por las élites, y que garanticen igualdad, oportunidades para todas y todos, justicia, paz y un reparto equitativo de la riqueza.

Debemos buscar puntos de unión y sembrar empatía, alejándonos de la moralina y de la falsa superioridad moral que a veces emerge desde los activismos por el cambio. Es necesario construir alternativas desde la emoción, el cariño y el cuidado mutuo, para que nadie quede atrás.

Necesitamos relatos que nos unan, que nos recuerden que no estamos solos y que somos muchas las personas que creemos que el mundo puede ser diferente.

Para ello, es imprescindible invertir en talento humano, aprovechar la experiencia acumulada —tanto de los aciertos como de los errores— y proponer estrategias claras y viables de acción, generando redes de colaboración multiétnicas, multirreligiosas e intergeneracionales que nos permitan construir alternativas realistas y, de este modo, llegar cada vez más lejos.

JCVV - el Internacionalista convencido

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Estados Unidos ha atacado a Venezuela militarmente tras muchos años de hacerlo por otros medios.

  Conviene destacar que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo y es uno de los países líderes de América Latina en res...