lunes, 14 de septiembre de 2026

La democracia en tiempos revueltos

 


Las democracias están navegando en un mundo lleno de espectáculo, desinformación, polarización política y pérdida de ilusión de cierta parte de la ciudadanía. Hay quien se preguntará de qué sirve la democracia si es capaz de atender a la ciudadanía por igual, de qué sirve si para millones de personas el acceso a la vivienda se está convirtiendo en un lujo inalcanzable; la educación, la atención médica y el derecho a disfrutar de espacios urbanos saludables pueden convertirse en muros para los que no tienen recursos.

Basta con recorrer algunas de las diferentes ciudades europeas para ver las contradicciones: servicios públicos descuidados, mientras ciertos barrios privilegiados se vuelven espacios cerrados solo para quienes pueden costearse vivir ahí.

Pero no podemos analizar esta situación solo desde lo local. En una época de creciente tensión estratégica entre grandes potencias, hay quien puede tener interés en alimentar el descontento social, la polarización y la desconfianza dentro de otras sociedades para debilitarlas y ganar ventaja frente a sus adversarios.

En el mundo hay mucha riqueza material y conocimiento, pero se concentran en pocas manos. Esa desigualdad, junto con la creciente huella ecológica sobre el planeta, nos acerca peligrosamente a un posible colapso global y la democracia y la política tienen la llave para deshacer estos entuertos.

Pero no todo vale, hay quien está usando el espectáculo político y mediático para conseguir sus egoístas intereses, señalando con saña a presuntos culpables o lanzando al viento propuestas simplistas, con absurdas soluciones mágicas; hay quien, sembrando tormentas, espera recoger beneficios aunque con ello genere un descrédito de la política, con el desgaste que esto supone para la participación ciudadana y la democracia. Pero antes de que estos cantos de sirena terminen por generar un descontento social, hay que despertar emociones democráticas en la ciudadanía. Esta es la verdadera amenaza de la democracia: la pérdida de confianza de la ciudadanía, por eso es urgente apostar por la ética, la igualdad y la participación ciudadana.

Defender la democracia no se trata solo de proteger las elecciones, las instituciones o la libertad de prensa, entre otras cosas. Es necesario recuperar la confianza y la participación de la ciudadanía.

La democracia tiene que estar basada en los derechos humanos, los principios de equidad y justicia. Implica actuar con responsabilidad pensando en el presente y las generaciones venideras.

También es muy importante fomentar la visión del bien común global que beneficie a toda la vida del planeta, para esto no solo hay que tener en cuenta nuestros derechos, sino también nuestros deberes y responsabilidades como ciudadanas y ciudadanos.

Hace poco leía una pintada que decía algo así como: «La dictadura puede estar en la democracia, pero la democracia no puede estar en la dictadura». Quizás esto nos haga pensar en la importancia proteger unos valores democráticos que no dejen a nadie atrás y que tengan en cuenta el presente y futuro del planeta.

JCVV - El Internacinalista convencido 

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