sábado, 28 de marzo de 2026

Deberíamos tener el derecho a marcharnos de manera digna.

 No podemos decidir cuándo venimos al mundo, pero deberíamos tener el derecho a marcharnos de manera digna y cuando nos dé la gana.


Hace unos días, por fin pudo partir Noelia Castillo Ramos. Pero su partida ha sido larga, ya que ha tenido que esperar 20 meses para recibir la eutanasia.


Adiós, Noelia. Te hemos fallado como sociedad. Tuviste una infancia complicada en una familia desestructurada; sufriste un desahucio, varios abusos incluso perpetrados por personas cercanas, entre ellos una agresión sexual múltiple. Estuviste ingresada en un hospital psiquiátrico y sufriste varios intentos de suicidio. Como consecuencia de uno de ellos, tu vida se complicó aún más, perdiendo prácticamente la movilidad y quedando con terribles dolores. 


Un destino duro, muy duro para alguien tan joven.


Pese a todo lo que has sufrido, eras una mujer fuerte. Has sido capaz de librar una batalla legal durante casi dos años para poder recibir la eutanasia. No pretendías ser un ejemplo para nadie, pero lo has sido; tú tan solo querías morir con dignidad y, sobre todo, descansar de un mundo que lo único que te ofrecía era dolor y sufrimiento.


Y al final, por fin viste una luz. Pese a la oposición permanente de tu padre y sus asesores ultraortodoxos, el tribunal europeo reconoció que la eutanasia podía aplicarse y, con ello, por fin se abrió la puerta de tu libertad.

Ahora ya eres polvo de estrellas, y quizás te encuentres algún día con tu abuela, como era tu deseo.


En una sociedad ética y coherente no se puede obligar a nadie a hacer lo que no quiere.


Adiós, Noelia, un brindis por la libertad.

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