domingo, 21 de septiembre de 2025

“Vuelve Harry el sucio, si es que alguna vez se fue”

Soy un internacionalista convencido porque tuve la oportunidad de vivir un proceso revolucionario en Nicaragua durante los años ochenta. Allí conocí y conviví con campesinas y campesinos que habían aprendido a leer y escribir gracias a las brigadas de alfabetización cubanas. Conocí también lo que supone la guerra en el mundo real, fuera de las pantallas: vi llegar a jóvenes del frente —muchos de ellos mutilados— y a las y los familiares de quienes no regresaron jamás. Vi a personas de todas las edades que lo habían perdido todo por los ataques de la “Contra”, una organización armada subvencionada por Estados Unidos, mientras cierta prensa norteamericana difundía noticias falsas sobre aquel pequeño país centroamericano.

 En la misma época presencié los horrores cometidos por el ejército de El Salvador, también apoyado por Washington, que volcó ingentes recursos en una guerra que sumió en dolor a un país de apenas cinco millones de habitantes (más de 4.000 millones de dólares entre 1980 y 1992).

 También fui testigo de las atrocidades del ejército guatemalteco, que se ensañó especialmente con la población indígena, haciendo desaparecer aldeas enteras bajo el mismo patrocinio norteamericano.

 De lo que vi y sentí conviviendo con esas personas humildes —que solo querían vivir una vida mejor— nació en mí la semilla del internacionalismo. Sentir su miedo y su sufrimiento despertó una empatía que me recordó, como un espejo, mis propios orígenes en una familia migrante y obrera de la margen izquierda de la ría de Bilbao: un lugar castigado por el humo, la basura y la dureza de la vida, muy alejado entonces de cualquier estado de bienestar.

 En las antípodas del internacionalismo está el imperialismo. Y eso es precisamente lo que Estados Unidos ha practicado desde su formación: primero expulsó y aniquiló a los pueblos originarios de su territorio; después, aprovechó el desgaste del colonialismo europeo y de las dos guerras mundiales para ocupar su lugar como potencia hegemónica.

 En 1823, el presidente James Monroe lo dejó claro con su doctrina “América para los americanos”, estableciendo que Europa no debía interferir en el continente americano, al que Washington ya consideraba su zona de influencia.

 La Escuela de las Américas estuvo ubicada en la Zona del Canal de Panamá desde 1946 hasta 1984, cuando se trasladó a EE.UU. con el supuesto objetivo de formar militares latinoamericanos en tácticas de contrainsurgencia, inteligencia militar y guerra no convencional en el marco de la Guerra Fría. En la práctica, se convirtió en un centro de entrenamiento de oficiales de Chile, Argentina, Bolivia, Honduras, Paraguay, Uruguay, Perú, Ecuador, El Salvador, Nicaragua y Colombia, entre otros. Más de 60.000 militares pasaron por sus aulas, muchos de los cuales participaron después en golpes de Estado, dictaduras y violaciones sistemáticas de derechos humanos. Fue una pieza más de la gran maquinaria de dominación destinada a mantener intereses geopolíticos y económicos.

 Para sostener esa estrategia intervencionista, Washington tejió además un enorme aparato de comunicación y “poder blando”: cine, industria cultural y cooperación internacional orientados a educar el pensamiento y modelar la opinión pública. Si ese poder blando fallaba, siempre quedaba la maquinaria militar con sus colosales recursos y sus bases repartidas por todo el mundo.

 En tiempos recientes hemos visto gestos simbólicos y prácticos que evidencian que EE.UU. intenta recuperar terreno frente a China y Rusia en América Latina. De las formas clásicas —golpes de Estado militares o intervenciones directas— ha pasado a mecanismos híbridos: sanciones, control tecnológico, narrativas mediáticas, presión migratoria, etc., que le sirven para salvaguardar sus intereses estratégicos. Un ejemplo visible es Cuba, que tras el fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos sufre desde hace 63 años un cruel bloqueo ininterrumpido.

 Otro caso es México, donde EE.UU. combina migración, narcotráfico y aranceles como mecanismos de presión política y económica, con un objetivo claro: que el país dependa tanto de la relación con Washington que reduzca su margen de maniobra con Cuba (con la que mantiene lazos históricos), con China o incluso con Europa. Como decía la frase que circulaba en la época porfirista: ¡Pobre México! Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos.

 En Colombia, Marco Rubio —senador republicano de Estados Unidos— afirmó que el juicio por fraude procesal y soborno de testigos contra el expresidente Álvaro Uribe era una “instrumentalización” de jueces radicales. Todo un mensaje sobre las decisiones judiciales que se tomen contra figuras estrechamente ligadas a Washington, ya que Uribe fue uno de los presidentes más alineados con la Casa Blanca (Plan Colombia, contrainsurgencia, Tratado de Libre Comercio). En los ocho años de gobierno de Uribe, se registraron más de 4.000 ejecuciones extrajudiciales, los tristemente conocidos como “falsos positivos”: civiles asesinados por el Ejército colombiano para hacerlos pasar por guerrilleros y cobrar la recompensa.

 Algo similar ocurre con el expresidente de Brasil Jair Bolsonaro, condenado por la Corte Suprema a 27 años y 3 meses de prisión por liderar, tras perder las elecciones de 2022, un intento de golpe de Estado. Donald Trump calificó el juicio de injusto y el propio Marco Rubio prometió que EE.UU. “respondería” tras la condena. Washington sancionó al juez Alexandre de Moraes, acusándolo de abuso de autoridad, y aplicó aranceles del 50 % a productos brasileños. Aunque esto no se deba solo a Bolsonaro, parece también un castigo a la rebeldía de Lula da Silva, presidente de Brasil, firme defensor de los países emergentes pertenecientes al grupo de los BRICS y crítico de las políticas norteamericanas.

 Hacer públicas esas declaraciones es una forma de advertir a las élites políticas y judiciales de América Latina que no se puede tocar a los aliados históricos de EE.UU. sin consecuencias.

 El caso argentino es muy diferente, ya que su presidente Javier Milei alardea de tener la receta ultraliberal para salvar a la humanidad del “colectivismo” y de “los parásitos que viven del Estado”, y se declara admirador de la fuerza y el potencial de Estados Unidos.

 Y en el actual El Salvador, donde su presidente Nayib Bukele se presentaba como independiente, ha terminado ofreciendo a EE.UU. su megacárcel para albergar a migrantes procedentes de ese país, aunque no sean salvadoreños. Este gesto probablemente le da carta blanca para, bajo la disculpa de la “guerra contra las pandillas”, consolidar un modelo sustentado en prácticas abusivas de parte de la policía, que incluyen detenciones arbitrarias y abusos de poder no solo contra supuestos integrantes de estas bandas, sino también contra defensoras y defensores de derechos humanos y de la sociedad civil en El Salvador. Al mismo tiempo, le ha permitido eliminar los límites al mandato presidencial. De inmediato, el gobierno estadounidense afirmó que Bukele no debía ser puesto en el mismo saco que los mandatarios de otros países a los que considera dictaduras.

 El acoso a Venezuela es otra cosa. En 2025 se cumplen más de 20 años de presión continua, con fases especialmente agresivas en 2002, 2015, 2019 y 2020, y otras de relativa negociación bajo Biden. El gobierno venezolano sostiene que desde 2019 hay más de 8.000 millones de dólares en activos y fondos bloqueados en diversos países (EE.UU., Portugal, España, Reino Unido, Francia, Bélgica).

 Como es habitual, para convencer a la opinión pública local y mundial, Washington lanza primero un espectáculo mediático. En marzo de 2020 acusó a Nicolás Maduro de ser “uno de los mayores narcotraficantes del mundo” y recientemente duplicó la recompensa por información que conduzca a su arresto, de 25 a 50 millones de dólares, como en las viejas películas del oeste. De este modo, la fiscal general de EE.UU., Pam Bondi, presenta a un presidente de un país soberano como si fuese un capo del narcotráfico.

 A ello se suma que EE.UU. ha vuelto a rebautizar  al Ministerio de Defensa como Ministerio de la  Guerra, desplegando en el Caribe aviones de combate, barcos de guerra e incluso un submarino nuclear para atacar pequeñas embarcaciones que, según la Casa Blanca, eran utilizadas por narcotraficantes vinculados a Venezuela, con saldo de varias personas asesinadas extrajudicialmente.

 Frente a este caso tan grave de intervención contra la ciudadanía de otro país, cabe preguntarse: ¿qué piensa Europa de esta forma de actuar? ¿Qué legitimidad moral tiene la defensa de los “valores democráticos” cuando se permite que Estados Unidos use la violencia contra población civil en nombre de sus intereses?

 Está claro que estamos demasiado habituados al relato de Hollywood, donde todo se resuelve con balas y golpes. Algo similar hicieron las potencias coloniales y neocoloniales para exprimir al Sur Global durante siglos: saqueos, expoliación económica, intervenciones políticas, golpes de Estado y guerras encubiertas para mantener el control. Tal vez por eso tanto silencio, mientras EE.UU. sigue matando impunemente. Como Harry el Sucio: ese es, no lo olvidemos, nuestro socio comercial.

 Por mi parte, sigo siendo un internacionalista convencido.

 JCVV

miércoles, 10 de septiembre de 2025

"OJALÁ"

La palabra “ojalá” en castellano proviene del árabe y significa “si Dios quiere”. Todo un ejemplo de convivencia que ha quedado en nuestro diccionario como huella de un pasado intercultural. Ojalá algún día volvamos a escuchar el relajante ruido de las olas en Gaza y contemplar su cielo azul mediterráneo. Ojalá veamos a las niñas y los niños corretear jugando por una Palestina libre, a los ancianos contando sus historias sentados en las aceras y a sus comunicadoras y comunicadores hablándonos sin miedo a ser asesinados. Ojalá veamos a las y los deportistas palestinos participando en eventos internacionales, a sus estudiantes formándose para construir un futuro y un país, y a padres y madres disfrutando de la alegría de ver crecer a sus hijas e hijos. Ojalá logremos dar un poco de alivio y consuelo a este pueblo que lleva 75 años sufriendo apartheid, asedio, asesinatos, hambre y desprecio. Ojalá tengamos la valentía de sonrojar a la hipocresía y despertar el tan necesario humanismo. Ojalá sepamos encontrar la manera de curar esta herida tan profunda. Porque, si no lo hacemos, algo habrá muerto también en nuestro futuro y en nuestros corazones. JCVV - El Internacionalista convencido

sábado, 6 de septiembre de 2025

La Vuelta Ciclista a España y su undécima etapa en Bilbao

Algunos medios de comunicación han intentado manipular lo sucedido para que pareciera que la suspensión de la Vuelta y la falta de ganador en esta etapa fue un problema de “violentos” que ponían en riesgo a los corredores. También se ha dicho que la imagen de Bilbao salió perjudicada.
Estamos demasiado acostumbrados a vivir de pan, circo y espectáculo, y a aceptar sin cuestionar lo que el poder nos impone.

No entiendo cómo el Estado español, que dice estar en contra del genocidio perpetrado por Israel, ni cómo el Gobierno Vasco, cuyo Parlamento aprobó en mayo una resolución denunciando lo que ocurre en Palestina, han podido permitir que el equipo de Israel participara como si nada, incluso con la palabra “Israel” en el pecho de sus corredores. ¿Se imagina alguien ver ciclistas con la cruz gamada en plena competición, ignorando lo que supuso en el Holocausto?.

Tampoco entiendo que el resto de corredores, en nombre del deporte como motor de transformación social,  inclusión y paz, no hayan hecho huelga o boicot ante esta situación. Quizá porque el deporte de élite se ha convertido en una simple industria de hacer dinero, marcada por la falta de empatía y solidaridad.

No comparto la idea de que lo ocurrido perjudica la imagen de Bilbao o de Bizkaia. Creo que es lo contrario: lo ético y coherente es denunciar este genocidio, y eso fue lo que se hizo. La etapa de Bilbao la ganó el pueblo palestino. La mayoría de la gente que estaba allí, con banderas y pañuelos, hizo un verdadero alarde de coherencia y ética. Todo lo contrario de la política que, por un lado, habla del sufrimiento del pueblo palestino, pero por otro mantiene relaciones comerciales y diplomáticas con Israel, permitiendo que la barbarie continúe.

Ojalá algún día podamos ver en la Vuelta a corredores de Palestina, si es que queda alguien para representar a su pueblo. Ese mismo día, mientras la carrera pasaba por Bilbao, en Gaza fueron asesinadas por las bombas de Israel 70 personas, entre ellas niñas y niños.

Yo estuve en el final de la etapa de Bilbao y estoy orgulloso de haber participado en esta protesta coherente, en un mundo cada vez más belicista.

sábado, 16 de agosto de 2025

No a la participación de Israel en la vuelta ciclista a España



La vuelta ciclista a España ha invitado a participar al equipo de Israel. La empresa que organiza La Vuelta es Unipublic. Te animo a llamar mostrando tu repulsa al teléfono 91 2301431 y a enviar un email a esta dirección info@unipublic.es 

A continuación una sugerencia del asunto y el cuerpo del email que puedes enviar. Lo importante es enviar el máximo de emails posibles. ¡Hazlo desde todas tus cuentas!

ASUNTO: No a la participación de Israel en la vuelta ciclista a España


El deporte debe ser un símbolo de convivencia y entendimiento entre personas y pueblos. Sin embargo, considero que Israel se aleja de esos principios.

 Más de 61.000 civiles asesinados en Gaza, entre estas personas 237 periodistas asesinadas para intentar silenciar este genocidio,  más de 2 millones de personas —prácticamente toda la población— sufren inseguridad alimentaria severa por el bloqueo y la guerra, 1000personas asesinadas en las colas del hambre. De ellas, 250.000 viven en condiciones de hambruna y más de 70.000  niñas y niños padecen desnutrición aguda, mientras miles mueren por hambre y bombardeos. 

Permitir que el equipo de Israel participe en la Vuelta es blanquear un genocidio documentado por organizaciones como B’Tselem y señalado por la Corte Internacional de Justicia como crimen de lesa humanidad. Este llamamiento no es contra el pueblo israelí, pero sí contra un Estado que viola el derecho internacional y asesina civiles, con armas y negándoles medicinas y medicamentos. Los políticos tienen una gran responsabilidad ética que deberían cumplir, pero la sociedad civil tenemos la responsabilidad  de hacer presión social y  exigir a nuestros gobiernos a romper  relaciones con este país, tenemos la responsabilidad de no ser cómplices de este genocidio y  de frenar su impunidad. Pedimos a Unipublic, organizadora de la Vuelta, que excluya al equipo de Israel. El deporte no puede ser cómplice. #StopGenocidioEnGaza #Vuelta2025

Pásalo. 🇵🇸❤️✊🏾

martes, 12 de agosto de 2025

ISRAEL NO PODRÁ SILENCIAR NI A QUIENES HOY ASESINA


Causa de la muerte: asesinato por informar sobre el genocidio perpetrado por el ejército israelí en Gaza.

En Gaza han sido asesinados el periodista palestino Anas al Sharif, de 28 años, y otros cinco reporteros de Al Jazeera. La población civil en el gueto de Gaza sigue siendo masacrada y  mientras Israel cuente con el apoyo de EE.UU. y de Europa, esto no se detendrá. Con estas muertes, la cifra de comunicadores y comunicadoras asesinadas asciende a 237. Israel cree que así podrá silenciar su genocidio. Se equivoca: no podrán callar ni a estas y estos valientes profesionales, ni a los millones de personas que se esfuerzan por denunciar esta crueldad que está dejando una huella imborrable en la historia.

Todas y todos los profesionales de la prensa en Europa, EE.UU. y el mundo entero deberían portar un brazalete negro en el brazo, porque jamás, en tan poco tiempo y en un territorio tan pequeño, habían sido asesinadas tantas personas de la comunicación por un ejército armado de un Estado que pertenece a las Naciones Unidas.

Israel no solo está matando a sangre fría a las y los periodistas palestinos: está intentando a toda costa, silenciar a toda la profesión.

JCVV / El Internacionalista convencido 

sábado, 9 de agosto de 2025

AMÉRICA PARA LOS AMERICANOS



En 1823, el presidente James Monroe sentenció: «América para los americanos». No era una invitación a la unidad, sino una advertencia: Estados Unidos se reservaba el derecho de controlar todo un continente. Doscientos años después, Donald Trump recicla el mensaje en versión MAGA, envuelto en titulares espectaculares que encienden a sus seguidores y preocupan al resto del mundo.

Su hoja de ruta para América Latina es simple y brutal: explotar el miedo a la inmigración, usar los aranceles como instrumento de sumisión incluso contra socios del TLC como Canadá y México, y tejer alianzas con líderes afines, como Bukele en El Salvador, pese a su intención de perpetuarse en el poder y a las denuncias internacionales por violaciones de derechos humanos.

México y Colombia han protestado ante sus amenazas de enviar tropas contra los cárteles, pero Washington mantiene su vieja táctica: presión económica, diplomática y, cuando lo considera necesario, militar.

A Colombia la presiona por el juicio al expresidente Álvaro Uribe por corrupción y tráfico de influencias. Conviene recordar que, durante sus ocho años de gobierno, se registraron más de 4.000 ejecuciones extrajudiciales.

Brasil se enfrenta a uno de los aranceles más altos impuestos por Trump (50 %), después de que el Tribunal Supremo ordenara el arresto domiciliario del expresidente Jair Bolsonaro por su presunta implicación en un golpe de Estado y por el liderazgo ejercido por Lula en el grupo BRICS, que busca contrarrestar el potencial económico estadounidense.

Y de nuevo le toca el turno a Venezuela, al duplicar hasta 50 millones de dólares la recompensa para quien aporte información sobre la supuesta relación del presidente Nicolás Maduro con el cártel de Sinaloa en México.

La lista de intervenciones estadounidenses en la región es un archivo turbio: 16 golpes de Estado confirmados, 9 invasiones y más de una docena de operaciones encubiertas desde 1906. Cuba, Brasil, Venezuela, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Haití, Chile, Argentina… nombres distintos, misma historia.

Porfirio Díaz lo dijo con amargura: «Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos». Hoy la frase podría grabarse en todo el mapa latinoamericano. Y, si el mundo se descuida, también en otros continentes.

No basta con resistir. Es hora de actuar, de unir fuerzas por la supervivencia de los pueblos, de asumir la responsabilidad política que corresponde a las y los gobernantes de la región. También es hora de un diálogo transformador entre España y América Latina que asuma el pasado colonial y apueste por un futuro común basado en la cooperación, el respeto y la soberanía compartida. Tal vez así seamos capaces de construir un porvenir mejor.

JCVV / El Internacionalista convencido

miércoles, 6 de agosto de 2025

80 años de Hiroshima a Palestina: el mismo silencio cómplice.

Amanecía de manera cálida en Hiroshima. El día comenzaba a despuntar sobre la ciudad, como cada mañana. Pero en cuestión de segundos, todo se desvaneció. Personas, animales, árboles, casas… como si el propio sol hubiera estallado sobre la tierra.

Un bombardero B-29 estadounidense soltó su carga mortal: Little Boy, una bomba atómica que arrasó la ciudad. Tres días después, Fat Man hizo lo propio con Nagasaki.

Entre ambas detonaciones, más de 210.000 vidas civiles fueron reducidas a polvo y ceniza. Y quienes sobrevivieron, lo hicieron bajo la sombra de la radiación, la enfermedad, el rechazo y el olvido.

Han pasado 80 años desde aquel crimen de lesa humanidad, aún impune. Uno de los actos más atroces de la historia del mundo.

Pero la barbarie no cesó. La guerra contra la población civil sigue escribiendo, con tinta roja, las páginas más tristes de nuestro tiempo.

Hoy, en Palestina, con la complicidad de las potencias que se autoproclaman defensoras de los derechos humanos,  ya son más de 61.000 las personas asesinadas. Más de 150.000 heridas en menos de dos años. Y una población entera condenada al asedio, la humillación y el hambre.

La movilización popular logró frenar la guerra de Vietnam. Hoy, como entonces, la responsabilidad humana nos convoca.

Detengamos las guerras. Desenmascaremos a quienes se enriquecen con ellas: gobiernos, industrias, banqueros, mercaderes del capital, el espectáculo  y del miedo. Tal vez aún estemos a tiempo de alumbrar un mundo nuevo. Uno donde ninguna persona sea asesinada por la avidez ni por el odio.

¡Movilízate contra la barbarie!

JCVV / El Internacionalista convencido 




















Este es el tipo de cosas que dañan la democracia.

En Madrid, un fondo buitre quiere desahuciar a Maricarmen, de 87 años. Lleva 70 años viviendo en su casa y pagaba 500 euros de a...