sábado, 28 de marzo de 2026

Deberíamos tener el derecho a marcharnos de manera digna.

 No podemos decidir cuándo venimos al mundo, pero deberíamos tener el derecho a marcharnos de manera digna y cuando nos dé la gana.


Hace unos días, por fin pudo partir Noelia Castillo Ramos. Pero su partida ha sido larga, ya que ha tenido que esperar 20 meses para recibir la eutanasia.


Adiós, Noelia. Te hemos fallado como sociedad. Tuviste una infancia complicada en una familia desestructurada; sufriste un desahucio, varios abusos incluso perpetrados por personas cercanas, entre ellos una agresión sexual múltiple. Estuviste ingresada en un hospital psiquiátrico y sufriste varios intentos de suicidio. Como consecuencia de uno de ellos, tu vida se complicó aún más, perdiendo prácticamente la movilidad y quedando con terribles dolores. 


Un destino duro, muy duro para alguien tan joven.


Pese a todo lo que has sufrido, eras una mujer fuerte. Has sido capaz de librar una batalla legal durante casi dos años para poder recibir la eutanasia. No pretendías ser un ejemplo para nadie, pero lo has sido; tú tan solo querías morir con dignidad y, sobre todo, descansar de un mundo que lo único que te ofrecía era dolor y sufrimiento.


Y al final, por fin viste una luz. Pese a la oposición permanente de tu padre y sus asesores ultraortodoxos, el tribunal europeo reconoció que la eutanasia podía aplicarse y, con ello, por fin se abrió la puerta de tu libertad.

Ahora ya eres polvo de estrellas, y quizás te encuentres algún día con tu abuela, como era tu deseo.


En una sociedad ética y coherente no se puede obligar a nadie a hacer lo que no quiere.


Adiós, Noelia, un brindis por la libertad.

viernes, 27 de marzo de 2026

Apoya la campaña de Euskadi-Cuba “Dejen vivir a Cuba”

 Cuba atraviesa una de las peores crisis energéticas de su historia.

Un cerco petrolero que se suma al bloqueo que sufre desde hace 67 años y a su inclusión en la lista de países terroristas. Todo ello impuesto por la mayor potencia militar del mundo y silenciado por el resto de países enriquecidos.

Con el pretexto de hacer caer al gobierno, lo que en la práctica se está haciendo es castigar a todo un pueblo por su rebeldía.

Ante esta situación, la asociación Euskadi-Cuba, junto a más de 120 personas del mundo de la cultura vasca, ha impulsado una campaña para enviar placas solares a hospitales en Cuba.

No es momento de permanecer al margen.
Que lo vea EE. UU., pero también el pueblo cubano: la solidaridad sigue existiendo.

Campaña: “Dejen vivir a Cuba”
Donaciones:
Euskadi-Cuba – ES35 3035 0134 43 1340059271 (Caja Laboral)
Bizum: 04713

JCVV - El Internacionalista convencido



viernes, 20 de marzo de 2026

Cuando te tocan el bolsillo, la cosa cambia.

El 20 de marzo ha sido el fin del Ramadán y, aunque en Europa viven alrededor de 46 millones de musulmanas y musulmanes (un 6 % de la población), y en Euskadi entre 50.000 y 60.000 personas, no he visto prácticamente nada en los medios de comunicación.

Lo que sí he visto es la declaración de ministros de Exteriores de 12 países musulmanes exigiendo a Irán que detenga de inmediato sus ataques y reabra el estrecho de Ormuz.

Hace apenas unos días, algunos de estos países mostraron su malestar con Washington por el ataque a Irán. Ahora, cuando ven amenazada su industria de hidrocarburos, la cosa cambia: lo que está en riesgo no es la vida, sino su negocio vital, los hidrocarburos.

También se ha despertado una inquietud similar en la Unión Europea, que se ha reunido de urgencia en Bruselas para hablar de la crisis energética, no de la humanitaria. Y, como ya ocurrió con la invasión de Ucrania, el miedo vuelve a ser económico: caída de las bolsas, inflación, escasez de gas y petróleo. Oriente Próximo produce un tercio del crudo mundial y una quinta parte del gas natural. Demasiado importante para los bolsillos como para mirar hacia otro lado.

Desde 2023 han sido asesinados en Gaza más de 245 reporteras y reporteros, y más del 92 % de las viviendas han desaparecido o han sido destruidas. El propio ejército israelí estimaba que en la ofensiva murieron unas 70.000 personas palestinas, muchas de ellas mujeres, niñas y niños, aunque probablemente sean muchas más. Según Naciones Unidas, alrededor de 1.071 personas han sido asesinadas por agentes de seguridad y colonos israelíes en Cisjordania desde octubre de 2023, incluidas 233 niñas y niños.

El número de muertos por los recientes ataques israelíes contra el Líbano supera las 1.000 personas, y más de un millón se han visto obligadas a desplazarse.

En Irán, la cifra de personas muertas asciende a más de 1.300, y más de 3,2 millones de personas han tenido que desplazarse dentro del país para escapar de los bombardeos de Israel y Estados Unidos.

Los países enriquecidos del Golfo están preocupados por su economía, Europa también, y Estados Unidos pide más dinero para la guerra. ¿Cómo estarán los países más empobrecidos del Sur Global? Probablemente en un “shock” total, ya que muchos de ellos ya sufrieron grandes recortes de la ayuda al desarrollo en 2025 y ahora tendrán que enfrentarse a precios de la energía disparados, aumento del coste de los alimentos y endurecimiento de las condiciones financieras. Pero, de momento, esto parece no preocupar, son los típicos “daños colaterales” asumidos en un conflicto.

Llegó el fin del Ramadán. Millones de personas han celebrado el Eid Mubarak, un día de encuentro, comunidad y esperanza. Pero, una vez más, la guerra continúa.

Y con ella, nuestra incapacidad colectiva de poner la vida por encima de la codicia y del mercado.

¡No a la guerra!

JCVV — El Internacionalista convencido


martes, 17 de marzo de 2026

Trump, Cuba y la arrogancia del poder

 

Trump presume con arrogancia que será “un gran honor” tomar Cuba: “Puedo hacer lo que quiera con ella”.

 Escuchar estas palabras de Donald Trump eriza el cuerpo. Parece que hablara de una de esas chicas jóvenes reclutadas por el pederasta confeso Jeffrey Epstein para el disfrute del poder.

 No, señor Trump. Pase lo que pase, usted nunca podrá hacer con Cuba —ni con ningún lugar del mundo— lo que quiera. Ningún violador obtiene nada verdadero de su víctima, salvo odio y rencor. No obtendrá ningún beneficio real ni afectivo de los desastres y crímenes que genera el abuso del poder. Cuando le toque partir, nadie le recordará por su sensatez, su ética o su honestidad. No, usted se marchará como todo el mundo, con las manos vacías. Pero las suyas estarán profundamente manchadas por sus crímenes y abusos.

 Es triste lo que está ocurriendo en Cuba, pero más triste aún ver cómo el mundo no se rebela contra este asedio norteamericano que dura ya 67 años. Una especie de gota malaya que culmina ahora con una grave restricción del combustible: una puntilla que castiga a toda la población, niñas y niños, adultos y personas mayores. Un bloqueo de combustible que afecta por igual a hospitales, escuelas, centros de mayores y al resto de la población civil.

 Conozco Cuba desde hace muchos años. Empecé a hacer cooperación solidaria con el país en la época que se denominó “Período Especial”, cuando la isla se quedó sin sus socios comerciales tras la caída de la Unión Soviética en los años noventa. Desde entonces sigo ahí, pasito a pasito.

 En todo este tiempo me ha pasado de todo: cosas buenas y otras no tanto. Pero siempre me ha alentado encontrarme con gente honesta, dispuesta a seguir adelante pese a los bloqueos externos e incluso a las dificultades internas.

 He visto cómo, año tras año, las cubanas y los cubanos inventaban innumerables herramientas y estrategias para sobrevivir.

 He visto errores políticos de primera mano —algo que siempre me ha dolido—, pero también he visto en la isla la dignidad de muchas personas que despertaron mi respeto y admiración.

 El mundo se ha beneficiado durante años de la solidaridad cubana y de su rebeldía frente al imperialismo y al gran capital, algo que las élites económicas y políticas que dominan el mundo nunca han perdonado.

 Cuba, una pequeña isla del Caribe, logró dar dignidad al mundo, sobre todo a los países del Sur Global. Demostró desde el inicio de la revolución la importancia de la educación y la salud universales, algo que supo compartir con el resto del mundo.

 Durante la pandemia no solo fue capaz de desarrollar sus propias vacunas, sino también de compartirlas de manera solidaria con otros países. Algo que no hicieron muchos de los países enriquecidos.

 Este 20 de marzo se cumplen diez años de la visita oficial a Cuba de Barack Obama, presidente de Estados Unidos. Fue la primera visita de un presidente estadounidense a la isla en casi un siglo. Cuba, quizá por el desgaste acumulado, se dejó seducir por el “swing” de Obama, cayendo en la vieja táctica del policía bueno y el policía malo. Aquello generó endeudamiento, desgaste institucional y expectativas que nunca llegaron a cumplirse.

 Europa, por su parte, siempre ha estado ahí, disfrutando del bonito paisaje caribeño, como tantas veces: inmóvil, dividida, presente pero ausente.

 Ahora, cuando el mundo da la espalda a Cuba, al gobierno cubano no le queda otra que negociar con Washington. Pero esto difícilmente puede llamarse negociación: es más bien un saqueo y una nueva violación del derecho internacional, y sin embargo, parece que nos estamos acostumbrando a ello. Lo vemos en los abusivos aranceles impuestos al resto del mundo o, lo que es aún más grave, en las toneladas de bombas que destruyeron Gaza, en los misiles que siembran muerte en el Caribe o en los ataques contra Irán.

¿Qué le pasa al mundo?

¿Y qué nos está pasando a todas y todos nosotros para no reaccionar?

Tal vez se explique porque el espectáculo trumpista nos paraliza. Tal vez por un consumo absurdo que nos entretiene o por unas redes sociales dominadas por algoritmos que nos aíslan y nos anestesian.

 Si no somos capaces de rebelarnos contra la especulación con la vivienda, la salud o la educación en nuestras propias sociedades, ¿cómo vamos a comprender lo que sufren nuestras hermanas y hermanos de Cuba, Sudán, Sahara, Palestina, Líbano o de cualquier otro lugar donde exista abuso de poder?

 Y sin embargo, aunque a veces parezca que todo está perdido, la salida sigue estando ahí, delante de nuestras narices. Solo tenemos que salir a la calle y poner en práctica el valor de la solidaridad y la empatía, por nuestro pueblo y por todos los pueblos del mundo.

 Se acerca la primavera, y esta estación es siempre un buen momento para sembrar los frutos de un nuevo futuro.

JCVV - El Internacionalista convencido 

domingo, 15 de marzo de 2026

Una guerra tras otra


 Apostar por las guerras es entrar en una espiral que no tiene fin.

Estados Unidos está empujando al mundo a rearmarse hasta los dientes. No se trata solo de aumentar los presupuestos militares: se está configurando un nuevo tablero geopolítico cuyo objetivo es frenar el ascenso de China. El trumpismo sabe que no podría hacerlo en solitario, por eso necesita alinear a Europa, a Israel, a los países del Golfo y a las potencias del Pacífico en una misma lógica de confrontación: un rearme militar como nunca se ha visto en la historia.

En este escenario mundial, como siempre ocurre en las guerras, las personas que morirán o sufrirán tendrán colores de piel distintos, hablarán lenguas diferentes y tendrán rostros diversos. Pero compartirán algo esencial: pertenecerán, en su mayoría, a las mismas clases sociales.

Como siempre, primero sufrirán las clases más empobrecidas. Después, las clases medias. Y, como tantas veces se ha visto —y tantas personas han padecido a lo largo de la historia—, serán las élites económicas las que tengan más probabilidades de sobrevivir al posible apocalipsis de una nueva confrontación global.

Pero incluso esa supervivencia será temporal. Cuando solo queden las oligarquías, cuando ya no haya pueblos que sacrificar ni clases que explotar, terminarán devorándose entre ellas. O quizá acaben aniquiladas, o simplemente dominadas por la robótica y la inteligencia artificial.

Porque la historia ha demostrado una y otra vez que los imperios y las civilizaciones no caen solo por la presión externa: también se pudren desde dentro, por la propia avidez humana, la falta de empatía y la dejadez moral. 

Por eso hoy resulta más necesario que nunca recuperar una cultura política basada en la responsabilidad global, en el respeto al derecho internacional y en la defensa del Bien Común Global.

Frente a los discursos belicistas, insumisión.

Frente a quienes normalizan la guerra como si fuera una herramienta política más, desobediencia civil.

La paz se construye con políticas concretas: educación, cooperación internacional, justicia social, diálogo entre pueblos y respeto a los derechos humanos.

La paz y la justicia son elecciones colectivas. Por eso debemos adoptar decisiones que las hagan posibles, empezando por negarnos a aceptar la guerra como algo normal.

Que ninguna garganta humana se quede sin gritar:

¡No a la guerra!

Si las guerras se crean desde el poder, también se pueden frenar desde la calle.

No te quedes en casa.

¡Pasa a la acción!

El Internacionalista convencido  

domingo, 8 de marzo de 2026

Salud y libertad 8 de marzo

 



Creo que ninguna mujer querría volver a los tiempos en los que no podía votar, abrir una cuenta bancaria sin permiso de su marido o en los que era visto como algo extraño que una mujer llegara a la universidad o simplemente quisiera ponerse unos pantalones.


Y, sin embargo, pese a todo lo avanzado, hoy vemos cómo desde algunos sectores políticos se vuelven a lanzar consignas contra el feminismo y se intenta reforzar normas tradicionales de género que durante siglos limitaron la libertad y la igualdad de las mujeres.


La historia también nos recuerda uno de los episodios más oscuros de Europa: la persecución y quema de miles de mujeres acusadas de brujería. Muchas de ellas eran parteras, sanadoras y mujeres medicina, conocedoras de saberes ancestrales sobre la salud y los cuidados comunitarios. Su persecución no solo fue un crimen contra ellas, también para las miles de mujeres y hombres que dejaron de ser atendidas por estas mujeres. Pero  también supuso la pérdida de conocimientos esenciales para muchas comunidades.



Hoy, en pleno siglo XXI, millones de mujeres siguen viviendo bajo formas de apartheid de género, con menos derechos, menos oportunidades y mayores niveles de violencia. Y siguen siendo también quienes más sufren las consecuencias de las guerras y los conflictos armados que casi siempre deciden los hombres.


Por eso el feminismo es, ante todo, un sí a la vida.

Una voz por la igualdad, la dignidad y la justicia.


Pero también es una voz profundamente pacifista, porque no puede haber paz duradera en un mundo donde la mitad de la humanidad vive con menos derechos que la otra mitad y sufre en muchos casos una violencia continua.


El feminismo es, en el fondo, una defensa del Bien Común Global: una propuesta de sociedades más justas, más igualitarias y más humanas.


Un camino que no corresponde recorrer solo a las mujeres. 


Los hombres también debemos estar ahí, empujando una transformación  por la igualdad de género.


Hoy, en este día de conmemoración y lucha  sobre los avances logrados y las desigualdades que aún sufre la mitad de la población mundial —las mujeres—, es también un día de reflexión y compromiso para la otra mitad: los hombres.


Este es un camino compartido, es una causa de toda la humanidad.


Porque sin igualdad no hay justicia,

y sin justicia no hay paz.


No a la guerra. 


¡Salud y libertad 8 de Marzo! 


El Internacionalista convencido